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Desflorecer

Ensayo poético - No forzar lo vivo como práctica de cuidado

Hay un segundo mínimo
en que la mano todavía no se ha cerrado.

El cuerpo duda.
No por miedo.
Por sensibilidad.

Sabe —sin palabras—
que algo se pierde
cuando se responde demasiado rápido.

Desactivar el impulso de arrancarla.

Permitir que la flor exista
sin ser atravesada
por la mirada, la mano
o el nombre que la posee.

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